De "Gente en el puente", 1986

ESTOY DEMASIADO CERCA

Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.No vuelo sobre él, de él no huyoEntre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca.No es mi voz el canto del pez en la red.Ni de mi dedo rueda el anillo.Estoy demasiado cerca. La gran casa ardeSin mí gritando socorro. Demasiado cercapara que taña la campana en mi cabello.Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huéspedque abriera las paredes a su paso.Ya jamás volveré a morir tan levemente,tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,como antaño en su sueño. Estoy demasiado cerca,demasiado cerca. Oigo el silbidoy veo la escama reluciente de esta palabra,petrificada en abrazo. Él duerme,en este momento, más al alcance de la cajera de un circoambulante con un solo león, vista una vez en la vida,que de mí que estoy a su lado.Ahora, para ella crece en él el vallede hojas rojas cerrado por una montaña nevadaen el aire azul. Estoy demasiado cerca,para caer del cielo. Mi gritosólo podría despertarle. Pobre,limitada a mi propia figura,mas he sido abedul, he sido lagarto,y salía de tiempos y damascosmudando los colores de mi piel. Y teníael don de desaparecer de sus ojos asombrados,lo cual es la riqueza de las riquezas. Estoy demasiado cerca,demasiado cerca para que él sueñe conmigo.Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,Mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.En la punta de cada una de ellas, para su recuento,Se han sentado ángeles caídos.

FIN Y PRINCIPIO

Después de cada guerraalguien tiene que limpiar.No se van a ordenar solas las cosas,digo yo.Alguien debe echar los escombrosa la cunetapara que puedan pasarlos carros llenos de cadáveres.Alguien debe meterseentre el barro, las cenizas,los muelles de los sofás,las astillas de cristaly los trapos sangrientos.Alguien tiene que arrastrar una vigapara apuntalar un muro,alguien poner un vidrio en la ventanay la puerta en sus goznes.Eso de fotogénico tiene poco y requiere años.Todas las cámaras se han ido yaa otra guerra.A reconstruir puentesy estaciones de nuevo.Las mangas quedarán hechas jironesde tanto arremangarse.Alguien con la escoba en las manosrecordará todavía cómo fue.Alguien escucharáasintiendo con la cabeza en su sitio.Pero a su alrededorempezará a haber algunosa quienes les aburra.Todavía habrá quien a vecesencuentre entre hierbajosargumentos mordidos por la herrumbre,y los lleve al montón de la basura.Aquellos que sabíande qué iba aquí la cosatendrán que dejar su lugara los que saben poco.Y menos que poco.E incluso prácticamente nada.En la hierba que cubracausas y consecuenciasseguro que habrá alguien tumbado,con una espiga entre los dientes,mirando las nubes.

De "Fin y principio", 1993

FOTOGRAFÍA DE LA MUCHEDUMBRE

En la fotografía de la muchedumbremi cabeza es la séptima de la orilla,o tal vez la cuarta a la izquierda,o la veinte desde abajo;mi cabeza no sé cuál,ya no una, no única,ya parecida a las parecidas,ni femenina, ni masculina,las señales que me haceson ningunos rasgos personales;quizás la ve el Espíritu del Tiempo,pero no la mira;mi cabeza estadísticaque consume acero y cablestranquilísima, globalísimamente;sin la vergüenza de ser una cualquiera,sin la desesperación de ser cambiable;como si no la tuviera en absolutoa mi manera y por separado;como si se hubiera desenterrado un cementeriolleno de anónimos cráneosen un aceptable estado de conservacióna pesar de su mortalidad;como si ya hubiera estado allá– mi cabeza, una cualquiera, ajena-donde, si recuerda algo,sea tal vez el profundo futuro.

De "Si acaso", 1978


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