EL NÚMERO PI
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El admirable número Pitres coma uno cuatro uno.Las cifras que siguen son también preliminarescinco nueve dos porque jamás acaba.No puede abarcarlo seis cinco tres cinco la mirada,ocho nueve ni el cálculosiete nueve ni la imaginación,ni siquiera tres dos tres ocho un chiste, es decir, una comparacióncuatro seis con cualquier otra cosados seis cuatro tres de este mundo.La serpiente más larga de la tierra suma equis metros y se acaba.Y lo mismo las serpientes míticas aunque tardan más.El séquito de digitos del número Pillega al final de la página y no se detiene,sigue, recorre la mesa, el aire,una pared, una hoja, un nido de pájaros, las nubes, hasta llegardirecto al cielo,perderse en la insondable hinchazón del cielo.¡Qué breve la cola de un cometa, cual la de un ratón!¡Qué endeble el rayo de un astro si se curva en la insignificanciadel espacio!Mientras aqui dos tres quince trescientos diecinuevemi número de teléfono la talla de tu camisael año mil novecientos sesenta y tres sexto pisoel número de habitantes sesenta y cinco céntimosdos pulgadas de cintura una charada y un mensaje cifradoque dice vuela mi ruiseñor y cantay también se ruega guardar silencio,y se extinguirán cielo y tierra,pero el número Pi no, jamás,seguirá su camino con su nada despreciable cincocon su en absoluto vulgar ochocon su ni por asomo postrero siete,empujando, ¡ay!, empujando a durara la perezosa eternidad.CLOCHARD
En París, en un día matinal hasta el ocaso,en París comoen París que(¡oh, santa ingenuidad de lo descrito,ayúdame!)en un jardín junto a una catedral de piedra(no construida, no, tocada en un laúd)en pose de sarcófago se ha quedadodormidoun clochard, un monje secular, unrenegado.Si es que tenía algo, lo perdió,y no quiere recuperar lo perdido.Le deben todavía el salario por laconquista de las Galias,ya no le importa, se ha resignado.Y en el siglo quince tampoco le pagaronpor posar como ladrón de la izquierda,lo ha olvidado, ha dejado de esperar.Gana para vino tintopelando a los perros del rumbo.Duerme con cara de inventor de sueñoscon el enjambre imaginario de su barbaal sol.Las grises quimeras se despetrifican(volátidos, bajogueros, monógalos ypalomíferos,hongorranas, derrepentes, cabezapiernasy multiespecímenes, allegro vivacegótico)y lo ven con una curiosidadque no sienten por ninguno de nosotros,sensato Pedro,activo Miguel,ingeniosa Eva,Bárbara, Clara.LAS MUJERES DE RUBENS
Titánides, fauna femenina,desnudas como estruendo de toneles.Hacen su nido en lechos aplastadosy duermen con la boca abierta en formade chillido.Sus pupilas han huido hacia el fondoy penetran al interior de sus glándulasdesde las que gotea levadura como sangre.Hijas del barroco. Se infla la masa en laartesa,se llenan de vapor los baños, seruborizan los vinos,por el cielo galopan puerquitos denubes,relinchan las trompetas ante el peligrofísico.¡Oh acalabazadas, oh excesivas,duplicadas al rechazar los vestidos,triplicadas por la impetuosidad de la pose,grasosos platillos de amor!Sus flacas hermanas se levantaron antes,antes de que alboreara en el cuadro.Y nadie las vio avanzar en filapor la parte trasera del lienzo.Desterradas del estilo. Con las costillascontadasy pies y manos que parecen de ave.Con sus omóplatos salidos intentanlevantar el vuelo.El siglo trece les daría un fondo dorado.El veinte, una pantalla a color.El diecisiete, en cambio, no tiene quédarle a las planas.Pues hasta el cielo es protuberante,protuberantes los ángeles y protuberantedios:un bigotudo Febo que en un corcelsudoroso irrumpe en una alcoba hirviente.EPITAFIO
Aquí yace, como la coma anticuada,la autora de algunos versos. Descansoeternotuvo a bien darle la tierra, a pesar deque la muertacon los grupos literarios no se hablaba.Aunque tampoco en su tumba encontrónadamejor que una lechuza, jacintos y estetreno.Transeúnte, quita a tu electrónicocerebro la cubiertay piensa un poco en el destino deWislawa.